¿Cuántas veces has cuestionado tu accionar y te arrepentiste por las decisiones tomadas? ¿Cuántas veces te has sentido mal por no obtener ese puesto de trabajo? O ¿te has sentido mal porque un proyecto no resultó como esperabas? ¿cuántas oportunidades sientes que dejaste pasar?
En cada “derrota” pueden aparecer juicios negativos sobre nuestras capacidades y junto con ello probablemente nos invaden emociones como la tristeza, frustración, decepción, rabia, etc. y el mundo se ve gris por un momento. Como lo dice Jorge Bucay “no somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con ellos”. De la misma manera, no siempre somos responsables de lo que vivimos, pero sí de lo que hacemos luego de ello. Existen muchas formas en que reaccionamos ante experiencias no gratas, pero lo maravilloso es que siempre tenemos la capacidad de elegir cómo serán nuestros siguientes pasos y volver a empezar.
Estamos rodeados de muchas frases que nos invitan a motivarnos y levantarnos ante las dificultades con palabras cliché, aunque no siempre estes listo para volver a nuestra vida con la misma energía natural. Ignorar el dolor experimentado por una experiencia que consideramos fue un fracaso es rechazar nuestra naturaleza humana ante tan desagradable experiencia y minimizar lo vivido. Hay una comprensión de la resiliencia muy simplista en el entorno que propone esta capacidad humana como una reacción positiva ante las adversidades en modo automático, sin poner atención a la capacidad básica de la persona para reinventarse con aprendizaje reconociendo su dolor.
Qué mejor oportunidad para revisar lo sucedido, observar los aprendizajes posibles, entender qué nos llevó a vivir dicha experiencia o qué fue lo más importante de lo vivido. Este momento reflexivo es lo que nos permite revisar y replantear el siguiente rumbo, revisar las metas que realmente importan, avanzar o replantear nuestros proyectos, analizar las experiencias laborales que deseamos seguir teniendo, o elegir las relaciones que deseamos mantener en nuestras vidas. No necesitas siempre mostrar una sonrisa frente a las dificultades o las experiencias que te dejan un sentir de fracaso. El reconocerte como vulnerable te permite aceptar tu capacidad humana y ver con generosidad tus “derrotas”, así como con orgullo tus logros.
Por. Margarita Yaranga
CEO de Kay Consulting
